Hoy estamos acompañados por la nutricionista Paula Arístegui, quien nos hablará sobre este tema y nos dará consejos sobre cómo manejarlo.
El SIBO o sobrecrecimiento bacteriano consiste en una proliferación excesiva de bacterias en el intestino delgado. Realmente son bacterias que habitan de manera natural en nuestro tracto gastrointestinal pero que han crecido en exceso en una zona en la que apenas debería haber bacterias. Estos microorganismos van dañando la pared del intestino e interfieren en la digestión de los alimentos, es decir, fermentan parte de los alimentos que ingerimos, produciendo como consecuencia gas en intestino delgado. Esta acumulación de gas produce los síntomas característicos del SIBO que son distensión, flautencias, dolor abdominal, diarrea, estreñimiento, ruidos intestinales…
Primero que tener a diario estos síntomas GI reduce la calidad de vida del paciente y puede afectar incluso a nivel psicológico. Además, a medio plazo puede favorecer déficits nutricionales ya que no se absorben correctamente algunos nutrientes.
Parece que también, como se va dañando la pared del intestino, este se vuelve más permeable, por lo que pasan partículas de alimentos no digeridos o las propias bacterias al organismo. Esto puede desencadenar diferentes reacciones por parte del sistema inmune.
Actualmente, el SIBO se diagnostica con el test de lactulosa o lactitol. Es una prueba de aliento en la que se mide la concentración de gases H2 y CH4 que expulsa el paciente después de administrar una solución con lactulosa o lactitol. En función de la concentración de gases se estima la concentración de bacterias en el intestino delgado.
Las últimas guías clínicas defienden el uso de ATB para el tratamiento del SIBO. Es importante transmitir que la dieta como tal no cura el SIBO, la dieta nos puede ayudar mucho a reducir la sintomatología digestiva y a mejorar la tolerancia de los alimentos, pero es complementario al tratamiento farmacológico.
Tenemos una serie de mecanismos que mantienen el intestino delgado relativamente estéril para su adecuado funcionamiento. Dentro de estos mecanismos encontramos:
Si alguno de estos mecanismos falla tendremos más probabilidad de desarrollar un SIBO.
Por ello, es habitual, por ejemplo, que personas que hayan utilizado durante largo tiempo IBPs o que hayan tenido infección por H. Pylori desarrollen SIBO.
También está relacionado con alteraciones anatómicas como divertículos en el intestino delgado o asas intestinales y con cirugías como la cirugía bariátrica o colecistectomía.
Es habitual también que sea consecuencia de una patología digestiva no diagnosticada como puede ser una celiaquía, ya que va dañando la pared intestinal favoreciendo la colonización bacteriana.
Podemos sospechar que tenemos un SIBO cuando:
No hay una dieta específica para el SIBO pero se suele utilizar la dieta baja en FODMAP. En estrategia nutricional reducimos durante 4-6 semanas una serie de azúcares fermentables, los FODMAP, con el objetivo de reducir la producción de gas y por tanto mejorar la sintomatología digestiva. La hacemos a la vez que el tratamiento antibiótico y después reintroducimos los alimentos para ver la tolerancia a cada grupo.
Además, hay pautas que son básicas para favorecer las digestiones como son:
La medida preventiva principal es buscar la causa subyacente para poder actuar. Se estima que en el 44% de los casos hay recidivas.
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🎙️ Edición audiovisual por Sergio Calderón.